viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 11: LOS DESEOS DEL CORAZÓN SE DEBEN EXAMINAR Y MODERAR. Jesucristo:

CAPÍTULO 11: LOS DESEOS DEL CORAZÓN SE DEBEN EXAMINAR Y
MODERAR.
Jesucristo:

1. Hijo, aún te conviene aprender muchas cosas que no has aprendido bien. El
Alma:

2. ¿Qué cosas son estas, Señor? Jesucristo:

3. Que pongas tu deseo totalmente en sola mi voluntad, y no seas amador de ti
mismo, sino afectuoso celador de lo que a Mí me agrada. Los deseos te encienden
muchas veces, y te impelen con vehemencia; pero considera si te mueves por mi
honra o por tu provecho. Si Yo soy la causa, bien te contentarás de cualquier modo
que Yo lo ordenare; pero si algo tienes escondido de amor propio, con que siempre te
buscas, mira que eso es lo que mucho te impide y agrava.

4. Guárdate, pues, no confíes demasiado en el deseo que tuviste sin consultarlo
conmigo; porque puede ser que después te arrepientas, y te descontente lo que
primero te agradaba, y que por parecerte mejor lo deseaste. Porque no se puede seguir
luego cualquier deseo que aparece bueno, ni tampoco huir a la primera vista toda
afición que parece contraria. Conviene algunas veces reprimir el ímpetu, aun en los
buenos ejercicios y deseos, porque no caigas por importunidad en distracción del
alma, y porque no causes escándalo a otros con tu indiscreción, o por la contradicción
de otros te turbes luego y deslices.

5. También algunas veces conviene usar de fuerza, y contradecir varonilmente al
apetito sensitivo, y no cuidar de lo que la carne quiere o no quiere, sino andar más
solícito, para que esté sujeta al espíritu, aunque le pese. Y debe ser castigada y
obligada a sufrir la servidumbre hasta que esté pronta para todo, aprenda a
contentarse con lo poco y holgarse con lo sencillo, y no murmurar contra lo que es
amargo.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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