viernes, 19 de febrero de 2010

CAPITULO 15: CÓMO SE DEBE UNO HABER Y DECIR EN TODAS LAS COSAS QUE DESEARE. Jesucristo:

CAPITULO 15: CÓMO SE DEBE UNO HABER Y DECIR EN TODAS LAS
COSAS QUE DESEARE.
Jesucristo:

1. Hijo, en cualquier cosa di así: Señor, si te agradare, hágase esto así. Señor, si es
honra tuya, hágase esto en tu nombre. Señor, si vieres que me conviene, y hallares
serme provechoso, concédemelo para que use de ello a honra tuya. Mas si conocieres
que me sería dañoso, y nada provechoso a la salvación de mi alma, desvía de mí tal
deseo. Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y
bueno al hombre. Dificultoso es juzgar si te incita buen espíritu o malo a desear esto
o aquello, o si te mueve tu propio espíritu. Muchos se hallan engañados al fin, que al
principio parecían inspirados por buen espíritu.

2. Por eso siempre se debe desear y pedir con temor de Dios y humildad de corazón
cualquier cosa apetecible que ocurriere al pensamiento, y sobre todo con propia
resignación encomendarlo todo a Mí diciendo: Señor, Tú sabes lo que es mejor: haz
esto o aquello, según te agradare. Da lo que quisieres, y cuanto quisieres, y cuando
quisieres. Haz conmigo como sabes, y como más te agradare, y fuere mayor honra
tuya. Ponme donde quisieres, dispón de mi libremente en todo. En tu mano estoy,
vuélveme y revuélveme a la redonda. Ve aquí tu siervo dispuesto a todo; porque no
deseo, Señor, vivir para mí sino para Ti. ¡Ojalá que viva dignamente y perfectamente!
Oración para conseguir la voluntad de Dios.

3. Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo,
y persevere conmigo hasta el fin. Dame que desee y quiera siempre lo que te es más
acepto y agradable a Ti. Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya, y
se conforme en todo con ella. Tenga yo un querer y no querer contigo; y no pueda
querer ni no querer lo que Tú quieres y no quieres.

4. Dame, Señor, que muera a todo lo que hay en el mundo; y dame que desee por Ti
ser despreciado y olvidado en este siglo. Dame, sobre todo lo que se puede desear,
descansar en Ti y aquietar mi corazón en Ti. Tú eres la verdadera paz del corazón; Tú
el único descanso: fuera de Ti todas las cosas son molestas e inquietas. En esta paz
permanente, esto es, en Ti, Sumo y eterno Bien. Dormiré y descansaré. Amén.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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