viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 46: DE LA CONFIANZA QUE DEBEMOS TENER EN DIOS CUANDO NOS DICEN INJURIAS. Jesucristo:

CAPÍTULO 46: DE LA CONFIANZA QUE DEBEMOS TENER EN DIOS
CUANDO NOS DICEN INJURIAS.
Jesucristo:

1. Hijo, está firme y espera en Mí. ¿Qué son las palabras sino palabras? Vuelan por el
aire, mas no mellan una piedra. Si estás culpado, determina enmendarte. Si no hallas
en ti culpa, llévalo con gusto por Dios. Muy poco es el que sufras alguna vez siquiera
malas palabras, ya que aún no puedes tolerar grandes golpes. Y ¿por qué tan
pequeñas cosas te llegan al corazón, sino porque aún eres carnal, y miras mucho más
a los hombres de lo que conviene? Porque temes ser despreciado, por esto no quieres
ser reprendido de tus faltas, y buscas la sombra de las excusas.

2. Considérate mejor, y conocerás que aún vive en ti, el amor del mundo, y el deseo
vano de agradar a los hombres. Porque en huir de ser abatido y confundido por tus
defectos, se muestra hoy claro que no eres humilde verdadero, ni estás del todo
muerto al mundo, ni el mundo está a ti crucificado. Mas oye mis palabras y no
cuidarás de cuantas te dijeren los hombres. Dime: si se diere contra ti todo cuanto
maliciosamente se pudiera fingir, ¿qué te dañaría, si lo dejases pasar y lo despreciases
enteramente? Por ventura, ¿te podrías arrancar un cabello?

3. Mas el que no está dentro de su corazón, ni me tiene a Mí delante de sus ojos,
presto se mueve por una palabra de menosprecio; pero el que confía en Mí, y no
desea su propio parecer, vivirá sin temer a los hombres. Porque Yo soy el Juez y
conozco todos los secretos; Yo sé cómo pasan las cosas; Yo conozco muy bien al que
hace la injuria, y también al que la sufre. De Mí sale esta palabra; permitiéndolo Yo
acaece esto, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones. Yo juzgo
al culpable y al inocente; pero quise probar primero al uno y al otro con juicio
secreto.

4. El testimonio de los hombres muchas veces engaña: mi juicio es verdadero, firme,
y no se revoca. Muchas veces está escondido, y pocos lo penetran en todo: pero
nunca yerra, ni puede errar, aunque a los ojos de los necios no parezca recto. A Mí,
pues, habéis de recurrir en cualquier juicio y no confiar en el propio saber. Porque el
justo no se turbará por cosas que Dios envíe sobre él; y si algún juicio fuere dicho
contra él injustamente, no se inquietará por ello. Ni se ensalzará vanamente, si otros
le defendieren sin razón. Porque sabe que Yo soy quien escudriño los corazones y los
pensamientos, y que no juzgo según el exterior y apariencia humana. Antes muchas
veces se halla a mis ojos culpable el que al juicio humano parece digno de alabanza.
El Alma:

5. Señor Dios, justo juez, fuerte y paciente, que conoces la flaqueza y maldad de los
hombres, sé Tú mi fortaleza y toda mi confianza, pues no me basta mi conciencia. Tú
sabes lo que yo no sé: por eso me debo humillar en cualquier reprensión y llevarla
con mansedumbre. Perdóname también, Señor piadoso, todas las veces que no lo hice
así, y dame gracia de mayor sufrimiento para otra vez. Porque mejor me está tu
misericordia copiosa para alcanzar perdón, que mi presumida justificación para
defender lo oculto de mi conciencia. Y aunque ella nada me acuse, no por esto me
puedo tener por justo; porque quitada tu misericordia, no será justificado en tu
acatamiento ningún viviente.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

No hay comentarios:

Publicar un comentario