viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 35: EN ESTA VIDA NO HAY SEGURIDAD DE CARECER DE TENTACIONES. Jesucristo:

CAPÍTULO 35: EN ESTA VIDA NO HAY SEGURIDAD DE CARECER DE
TENTACIONES.
Jesucristo:

1. Hijo, nunca estás seguro en esta vida; porque mientras vivieres, tienes necesidad de
armas espirituales. Entre enemigos andas; a diestra y a siniestra te combaten. Si pues
no te vales del escudo de la paciencia a cada instante, no estarás mucho tiempo sin
herida. Demás de esto, si no pones tu corazón fijo en Mí, con pura voluntad de sufrir
por Mí todo cuanto viniere, no podrás pasar esta recia batalla, ni alcanzar la palma de
los bienaventurados. Conviénete, pues, romper varonilmente con todo, y pelear con
mucho esfuerzo contra lo que viniere. Porque al vencedor se da el maná, y al
perezoso le aguarda mucha miseria.

2. Si buscas descanso en esta vida, ¿cómo hallarás entonces la eterna
bienaventuranza? No procures mucho descanso, sino mucha paciencia. Busca la
verdadera paz, no en la tierra, sino en el cielo: no en los hombres ni en las demás
criaturas, sino en Dios solo. Por amor de Dios debes padecer de buena gana todas las
cosas adversas; como son trabajos, dolores, tentaciones, vejaciones, congojas,
necesidades, dolencias, injurias, murmuraciones, reprensiones, humillaciones,
confusiones, correcciones y menosprecios. Estas cosas aprovechan para la virtud;
estas prueban al nuevo soldado de Cristo; estas fabrican la corona celestial. Yo daré
eterno galardón por breve trabajo, y gloria infinita por la confusión pasajera.

3. ¿Piensas tener siempre consolaciones espirituales al sabor de tu paladar? Mis
Santos no siempre las tuvieron, sino muchas pesadumbres, diversas tentaciones y
grandes desconsolaciones. Pero las sufrieron todas con paciencia y confiaron más en
Dios que en sí; porque sabían que no son equivalentes todas las penas de esta vida,
para merecer la gloria venidera. ¿Quieres hallar de pronto lo que muchos, después de
copiosas lágrimas y trabajos, con dificultad alcanzaron? Espera en el Señor, trabaja y
esfuérzate varonilmente; no desconfíes, no huyas; mas ofrece el cuerpo y el alma por
la gloria de Dios con gran constancia.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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