viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 31: DEL DESPRECIO DE TODAS LAS CRIATURAS PARA HALLAR AL CRIADOR. El Alma:

CAPÍTULO 31: DEL DESPRECIO DE TODAS LAS CRIATURAS PARA
HALLAR AL CRIADOR.
El Alma:

1. Señor, necesaria me es aún mayor gracia, si tengo de llegar adonde nadie ni
criatura alguna me puedan embarazar. Porque mientras que alguna cosa me detiene,
no puedo volar a Ti libremente. Deseaba volar libremente el que decía: ¿Quién me
dará alas como de paloma, y volaré y descansaré? ¿Qué cosa hay más quieta que la
pura intención? Y ¿quién más libre que el que nada desea en la tierra? Por eso
conviene levantarse sobre todo lo criado, y olvidarse totalmente de sí mismo,
elevándose, y quedando suspenso para ver que Tú, Criador de todo, no tienes
semejanza con las criaturas. Y el que no se desocupare de lo criado, no podrá
libremente entender en lo divino. Por esto, pues, se hallan pocos contemplativos,
porque son raros los que saben desasirse del todo de las criaturas y de lo perecedero.

2. Para eso es menester gran gracia, que levante el alma y la suba sobre sí misma.
Peso si no eleva al hombre levantado en espíritu y libre de todo lo criado, y todo
unido a Dios, de poca estima es cuanto sabe y cuanto tiene. Mucho tiempo será niño
y mundano el que estima alguna cosa por grande, sino solo el único, inmenso y eterno
bien. Y lo que Dios no es, nada es, y por nada se debe contar. Hay gran diferencia
entre la sabiduría del varón iluminado y devoto, y la ciencia del letrado y del
estudioso clérigo. Mucho más noble es la doctrina que emana de la influencia divina,
que la que se alcanza con el trabajo por el ingenio humano.

3. Se hallan muchos que desean la contemplación: pero no procuran ejercitar las
cosas que para ella se requieren. Es grande impedimento fijarse en las cosas
exteriores y sensibles, y descuidar la verdadera mortificación. No sé que es, ni qué
espíritu nos lleva, ni qué esperamos los que parece somos llamados espirituales,
cuando tanto trabajo y solicitud ponemos en las cosas transitorias y viles, y con
dificultad y muy tarde nos recogemos del todo a considerar nuestro interior.

4. ¡Oh dolor! Que al momento que nos hemos recogido un poco, nos distraemos y no
escudriñamos nuestras obras con riguroso examen. Nos miramos dónde tenemos
nuestras aflicciones, ni lloramos cuan manchadas están todas nuestras cosas. Toda
carne había corrompido su camino, y por eso se siguió el gran diluvio. Porque nuestro
afecto interior estando corrompido, es necesario que la obra que de él dimana (señal
de la privación de la virtud interior) también se corrompa. Del corazón puro procede
el fruto de la buena vida.

5. Se examina cuanto hace alguno; pero no indagamos de cuánta virtud proceden sus
acciones. Se averigua si alguno es valiente, rico, hermoso, hábil o buen escritor, buen
cantor, buen artista; pero poco se habla de cuan pobre sea de espíritu, cuan paciente y
manso, cuan devoto y recogido. La naturaleza mira las cosas exteriores del hombre;
mas la gracia se ocupa en las interiores. Aquella muchas veces se engaña, y ésta
espera en Dios para no engañarse.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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