viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 6: DE LA PRUEBA DEL VERDADERO AMOR. Jesucristo:

CAPÍTULO 6: DE LA PRUEBA DEL VERDADERO AMOR.
Jesucristo:

1. Hijo, no eres aun fuerte y prudente amador.
El Alma:

2. ¿Por qué, Señor?
Jesucristo:

3. Porque por una contradicción pequeña, faltas en lo comenzado, y buscas la
consolación ansiosamente.
El constante amador está fuerte en las tentaciones, y no cree a las persuasiones
engañosas del enemigo.
Como Yo le agrado en las prosperidades, así no le descontento en las adversidades.

4. El discreto amador no considera tanto el don del amante, cuando el amor del que
da.
Antes mira a la voluntad que a la merced; y todas las dádivas estima menos que el
amado.
El amador noble no descansa en el don, sino en Mí sobre todo don.
Por eso, si algunas veces no gustas de Mí o de mis Santos tan bien como deseas: no
está todo perdido.
Aquel tierno y dulce afecto que sientes algunas veces, obra es de la presencia de la
gracia, y gusto anticipado de la patria celestial, sobre lo cual no se debe estribar
mucho, porque va y viene.
Pero pelear contra las perturbaciones incidentes del ánimo, u menospreciar la
sugestión del diablo, señal es de virtud y de gran merecimiento.

5. No te turben, pues, las imaginaciones extrañas de diversas materias que te
ocurrieren.
Guarda tu firme propósito y la intención recta para con Dios.
Ni tengas a engaño que de repente te arrebaten alguna vez a lo alto, y luego te torne a
las pequeñeces acostumbradas del corazón.
Porque más las sufres contra tu voluntad que las causas; y mientras te dan pena y las
contradices, mérito es y no pérdida.

6. Persuádete que el enemigo antiguo de todos modos se esfuerza para impedir tu
deseo en el bien, y apartarte de todo ejercicio devoto, como es honrar a los Santos, la
piadosa memoria de mi pasión, la útil contrición de los pecados, la guarda del propio
corazón, el firme propósito de aprovechar en la virtud.
Te trae muchos pensamientos malos para disgustarte y atemorizarte, para desviarte de
la oración y de la lección sagrada.
Desagrádale mucho la humilde confesión; y si pudiese, haría que dejases de
comulgar.
No le creas, ni hagas caso de él; aunque muchas veces te arme lazos para seducirte.
Cuando te trajere pensamientos malos y torpes, atribúyelos a él, y dile:
Vete de aquí, espíritu inmundo; avergüénzate, desventurado; muy sucio eres, pues me
traes tales cosas a la imaginación.
Apártate de mí, malvado engañador; no tendrás parte ninguna en mí; mas Jesús estará
conmigo como invencible capitán, y tú estarás confundido.
Más quiero morir y sufrir cualquier pena que condescender contigo.
Calla y enmudece, no te oiré ya aunque más me importunes. El Señor es mi luz y mi
salud. ¿A quién temeré?
Aunque se ponga contra mi un ejercito, no temerá mi corazón. El Señor es mi ayuda
y mi Redentor.

7. Pelea como buen soldado; y si alguna vez cayeres por flaqueza de corazón, procura
cobrar mayores fuerzas que las primeras, confiando de mayor favor mío, y guárdate
mucho del vano contentamiento y de la soberbia.
Por eso muchos están engañados, y caen algunas veces en ceguedad casi incurable.
Sírvate de aviso y de perpetua humildad la caída de los soberbios, que locamente
presumen de sí.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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