viernes, 19 de febrero de 2010

CAPITULO 21: SÓLO SE HA DE DESCANSAR EN DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS. El Alma:

CAPITULO 21: SÓLO SE HA DE DESCANSAR EN DIOS SOBRE TODAS
LAS COSAS.
El Alma:

1. Alma mía, descansa sobre todas y en todas las cosas siempre en Dios, que es el
eterno descanso de los Santos. Concédeme Tú, dulcísimo y amantísimo Jesús, que
descanse en Ti sobre todas las cosas criadas; sobre toda salud y hermosura; sobre
toda gloria y honra; sobre todo poder y dignidad; sobre toda la ciencia y sutileza;
sobre todas las riquezas y artes; sobre toda alegría y gozo; sobre toda la fama y
alabanza; sobre toda suavidad y consolación; sobre toda esperanza y promesa; sobre
todo merecimiento y deseo; sobre todos los dones y regalos que puedes dar y enviar;
sobre todo gozo y dulzura que el alma puede recibir y sentir; y en fin, sobre todos los
ángeles y arcángeles, sobre todo ejercito celestial; sobre todo lo visible e invisible; y
sobre todo lo que no es lo que eres Tú, Dios mío.

2. Porque Tú, Señor, Dios mío, eres bueno sobre todo; Tú solo potentísimo; Tú solo
suficientísimo y llenísimo; Tú solo suavísimo y agradabilísimo. Tú solo hermosísimo
y amantísimo; Tú solo nobilísimo y gloriosísimo sobre todas las cosas, en quien
están, estuvieron y estarán todos los bienes junta y perfectamente. Por eso es poco e
insuficiente cualquier cosa que me das o prometes, o me descubres de Ti mismo, no
viéndote ni poseyéndote cumplidamente. Porque no puede mi corazón descansar del
todo y contentarse verdaderamente, si no descansa en Ti trascendiendo todos los
dones y todo lo criado.

3. ¡Oh esposo mío amantísimo Jesucristo, amador purísimo, Señor de todas las
criaturas! ¿Quién me dará alas de verdadera libertad para volar y descansar en Ti?
¡Oh! ¿Cuando me será concedido ocuparme en Ti cumplidamente, y ver cuan suave
eres, Señor Dios mío? ¿Cuándo me recogeré del todo en Ti, que ni me sienta a mí por
tu amor, sino a Ti solo sobre todo sentido y modo, y de un modo manifiesto a todos?
Pero ahora muchas veces gimo y llevo mi infelicidad con dolor. Porque en este valle
de miserias acaecen muchos males que me turban a menudo, me entristecen y
anublan; muchas veces me impiden y distraen, halagan y embarazan para que no
tenga libre entrada a Ti y no goce de tus suaves abrazos, los cuales sin impedimento
gozan los espíritus bienaventurados. Muévate mis suspiros, y la grande desolación
que hay en la tierra.

4. ¡Oh Jesús, resplandor de la eterna gloria, consolación del alma que anda
peregrinando! Delante de Ti está mi boca muda, y mi silencio te habla. ¿Hasta
cuándo tarda en venir mi Señor? Venga a mí, pobrecito tuyo, lléneme de alegría.
Extienda su mano, y libre a este miserable de toda angustia. Ven, ven; pues sin Ti
ningún día ni hora será alegre; porque Tú eres mi gozo, y sin Ti está vacía mi mesa.
Miserable soy, y como encarcelado y preso con grillos, hasta que Tú me recrees con
la luz de tu presencia, y me pongas en libertad, y muestres tu amigable rostro.

5. Busquen otros lo que quisieren en lugar de Ti, que a mí ninguna otra cosa me
agrada, ni agradará, sino Tú, Dios mío, esperanza mía, salud eterna. No callaré, ni
cesaré de clamar hasta que tu gracia vuelva y me hables interiormente.
Jesucristo:

6. Aquí estoy, a ti he venido, pues me llamaste. Tus lágrimas, y el deseo de tu alma, y
tu humildad, y la contrición de tu corazón me han inclinado y traído a ti.
El Alma:

7. Y dije: Señor, yo te llamé, y deseé gozar de Ti, dispuesto a menospreciarlo todo
por Ti. Pero Tú primero me despertaste para que te buscase. Seas, pues, bendito,
Señor, que hiciste con tu siervo este beneficio, según la muchedumbre de tu
misericordia. ¿Qué tiene más que decir tu siervo delante de Ti, sino humillarse mucho
en tu acatamiento, acordándose siempre de su propia maldad y vileza? Porque no hay
semejante a Ti en todas las maravillas del cielo y de la tierra. Tus obras son
perfectísimas, tus juicios verdaderos, y por tu providencia se rige el universo. Por eso
alabanza y gloria a Ti, ¡oh sabiduría del Padre! Alábete y bendígate mi boca, mi
alma, y juntamente todo lo creado.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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