viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 49: DEL DESEO DE LA VIDA ETERNA, Y CUÁNTOS BIENES ESTÁN PROMETIDOS A LOS QUE PELEAN. Jesucristo:

CAPÍTULO 49: DEL DESEO DE LA VIDA ETERNA, Y CUÁNTOS BIENES
ESTÁN PROMETIDOS A LOS QUE PELEAN.
Jesucristo:

1. Hijo, cuando sientes en ti algún deseo de la eterna bienaventuranza, y deseas salir
de la cárcel del cuerpo, para poder contemplar mi claridad sin sombra de mudanzas,
dilata tu corazón y recibe con todo amor esta santa inspiración. Da muchas gracias a
la soberana bondad que así se digna favorecerte, visitarte con clemencia, moverte con
eficacia, sostenerte con vigor, para que no te deslices por tu propio peso a las cosas
terrenas. Porque esto no lo recibes por tu diligencia o fuerzas, sino por sólo el querer
de la gracia soberana y del agrado divino, para que aproveches en virtudes y en
mayor humildad, y te prepares para los combates que te han de venir, y trabajes por
llegarte a Mí de todo corazón, y servirme con ardiente voluntad.

2. Hijo, muchas veces arde el fuego, pero no sube la llama sin humo. Así los deseos
de algunos se encienden a las cosas celestiales; mas aún no están libres del amor
carnal. Y por eso no obran sólo por la honra de Dios puramente, aun en lo que con
tan gran deseo me piden. Tal suele ser algunas veces tu deseo, el cual mostraste con
tanta importunidad. Pues no es puro ni perfecto lo que va inficionado de propio
interés.

3. Pide, no lo que es para ti deleitable y provechoso, sino lo que es para Mí aceptable
y honroso; por que, si rectamente juzgas, debes seguir y anteponer mi voluntad a tu
deseo y a cualquiera cosa deseada. Conozco tu deseo, y he oído tus continuos
gemido. Ya quisieras estar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios; ya te deleita
la casa eterna, y la patria celestial te llena de gozo; pero aún no es venida esa hora,
aún resta otro tiempo, tiempo de guerra, tiempo de trabajo y de prueba. Deseas gozar
del sumo bien; mas no lo puedes alcanzar ahora. Yo soy: espérame, dice el Señor,
hasta que venga el reino de Dios.

4. Has de ser probado aún en la tierra, y ejercitado en muchas cosas. Algunas veces
serás consolado, pero no te será dada satisfacción cumplida. Esfuérzate, pues, y
aliéntate así a hacer como a padecer cosas repugnantes a la naturaleza. Conviene que
te vistas de un hombre nuevo, y te vuelvas un varón constante. Es preciso hacer
muchas veces lo que no quieres, y dejar lo que quieres. Lo que agrada a otros,
progresará; lo que a ti te contenta, no se hará. Lo que dicen otros, será oído; lo que
dices tú, será reputado por nada. Pedirán otros, y recibirán; tú pedirás, y no
alcanzarás.

5. Otros serán grandes en boca d los hombres; de ti no se hará cuenta. A otros se
encargará este o aquel negocio; tú serás tenido por inútil. Por esto se contristará
alguna vez la naturaleza; y no harás poco si lo sufrieres callando. En estas y otras
cosas semejantes es probado el siervo fiel del Señor, para ver cómo sabe negarse y
mortificarse en todo. Apenas se hallará cosa en que más necesites morir a ti mismo,
que en ver y sufrir cosas repugnantes a tu voluntad, principalmente cuando parece
conforme y menos útil lo que te mandan hacer. Y porque tú, siendo inferior, no osas
resistir a la voluntad de tu superior, por eso te parece cosa dura andar pendiente de la
voluntad de otro y dejar tu propio parecer.

6. Mas considera, hijo, el fin cercano de estos trabajos, el fruto de ellos y su
grandísimo premio; y no te serán pesados, sino un gran consuelo de tu paciencia.
Pues por esta poca voluntad que ahora dejas de grado, poseerás para siempre tu
voluntad en el cielo. Allí, pues, hallarás todo lo que quisieres, y cuanto pudieres
desear. Allí tendrás en tu poder todo el bien, sin miedo de perderlo. Allí, tu voluntad,
unida con la mía para siempre, no apetecerá cosa alguna contraria o propicia. Allí
ninguno te resistirá, ninguno se quejará de ti, nadie te embarazará, nada se te
opondrá; sino que todas las cosas que deseares las disfrutarás juntas, y llenarán y
colmarán tus deseos. Allí te daré honor por la afrenta padecida, vestidura de gloria
por la aflicción, y por el ínfimo lugar la silla del reino eterno. Allí se verá el fruto de
la obediencia, aparecerá muy alegre el trabajo de la penitencia, y la humilde sumisión
será gloriosamente coronada.

7. Inclínate, pues, humildemente bajo la mano de todos, y no cuides de mirar quién lo
dijo, o quién lo mandó. Sino procura con gran cuidado que, ya sea superior, inferior,
o igual, el que algo te exigiere o insinuare, todo lo tengas por bueno, y cuides de
cumplirlo con sincera voluntad. Busque cada uno lo que quisiere; gloríese este en
esto, y aquel en lo otro, y sea alabado mil millares de veces; mas tú no te alegre ni en
esto ni en aquello, sino en el desprecio de ti mismo, y en sola mí voluntad y honra.
Una cosa debes desear, y es que, en vida o en muerte, sea Dios siempre glorificado en
ti.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

No hay comentarios:

Publicar un comentario