viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 54: DE LOS DIVERSOS MOVIMIENTOS DE LA NATURALEZA Y DE LA GRACIA. Jesucristo:

CAPÍTULO 54: DE LOS DIVERSOS MOVIMIENTOS DE LA
NATURALEZA Y DE LA GRACIA.
Jesucristo:

1. Hijo, mira con vigilancia los movimientos de la naturaleza y de la gracia, porque
son muy contrarios y sutiles, de modo que con dificultad son conocidos sino por
varones espirituales e interiormente alumbrados. Todos desean el bien, y en sus
dichos y hechos buscan alguna bondad; por eso muchos se engañan con color del
bien.

2. La naturaleza es astuta, atrae a sí a muchos, los enreda y engaña, y siempre se pone
a sí misma por fin. Mas la gracia anda sin doblez, se desvía de toda apariencia de
mal, no pretende engañar, sino que hace todas las cosas puramente por Dios, en quien
descansa como en su fin.

3. La naturaleza no quiere ser mortificada de buena gana, ni estrechada, ni vencida, ni
sometida de grado. Mas la gracia estudia en la propia mortificación, resiste a la
sensualidad, quiere estar sujeta, desea ser vencida, no quiere usar de su propia
libertad, apetece vivir bajo una estrecha observancia, no codicia señorear a nadie,
sino vivir y servir, y estar debajo de la mano de Dios; por Dios está pronta a obedecer
con toda humildad a cualquiera criatura humana.

4. La naturaleza trabaja por su conveniencia, y tiene la mira a la utilidad que le puede
venir. Pero la gracia no considera lo que le es útil y conveniente, sino lo que
aprovecha a muchos.

5. La naturaleza recibe con gusto la honra y la reverencia. Mas la gracia atribuye
fielmente a sólo Dios toda honra y gloria.

6. La naturaleza teme la confusión y el desprecio. Pero la gracia se alegra en padecer
injurias por el nombre de Jesús.

7. La naturaleza ama el ocio y la quietud corporal. Más la gracia no puede estar
ociosa; antes abraza de buena voluntad el trabajo.

8. La naturaleza busca tener cosas curiosas y hermosas, y aborrece las viles y
groseras. Mas la gracia se deleita con cosas llanas y bajas, no desecha las ásperas, ni
rehusa el vestir ropas viejas.

9. La naturaleza mira lo temporal, y se alegra de las ganancias terrenas, se entristece
del daño, y enojase con cualquier palabra o injuria. Pero la gracia mira lo eterno, no
está pegada a lo temporal, ni se turba cuando la pierde, ni se exaspera con las
palabras ofensivas; porque puso su tesoro y gozo en el cielo, donde ninguna cosa
perece.

10. La naturaleza es codiciosa, y de mejor gana toma que da; ama sus cosas propias y
particulares. Mas la gracia es piadosa y común para todos, huye la singularidad,
contentase con poco, tiene por mayor felicidad el dar que el recibir.

11. La naturaleza nos inclina a las criaturas, a la propia carne, a la vanidad y a las
distracciones. Pero la gracia nos lleva a Dio y a las virtudes, renuncia las criaturas,
huye el mundo, aborrece los deseos de la carne, refrena los pasos vanos,
avergüénzase de parecer en público.

12. La naturaleza toma de buena gana cualquier placer exterior en que deleite sus
sentidos. Pero la gracia en solo Dios se quiere consolar, y deleitarse en el sumo bien
sobre todo lo visible.

13. La naturaleza, cuanto hace, es por su propia utilidad y conveniencia; no puede
hacer cosa de balde, sino que espera alcanzar otro tanto o más, o si no, alabanza o
favor por el bien que ha hecho; y desea que sean sus obras y sus dádivas muy
ponderadas. Mas la gracia ninguna cosa temporal busca, ni quiere otro premio, sino a
solo Dios; y de lo temporal no quiere más que cuanto basta para conseguir lo eterno.

14. La naturaleza se complace en sus muchos amigos y parientes, se gloria de su
noble nacimiento y distinguido linaje, halaga a los poderosos, lisonjea a los ricos,
aplaude a los iguales. Pero la gracia ama aun a los enemigos y no se engríe por los
muchos amigos, ni hace caso de propio nacimiento y linaje, si en el no hay mayor
virtud. Favorece más al pobre que al rico; se acomoda mas bien al inocente que al
poderoso; se alegra con el veraz, no con el engañoso. Exhorta siempre a los buenos a
que aspiren a gracias mejores, y se asemejen al Hijo de Dios por sus virtudes.

15. La naturaleza luego se queja de la necesidad y del trabajo. Pero la gracia lleva con
buen rostro la pobreza.

16. La naturaleza todo lo dirige a sí misma, y por sí pelea y porfía. Mas la gracia todo
lo refiere a Dios, de donde originalmente mana, ningún bien se arroga ni se atribuye a
sí misma. No porfía, ni prefiere su modo de pensar al de los otros; sino que en todo
dictamen y opinión se sujeta a la sabiduría eterna y al divino examen.

17. La naturaleza apetece saber secreto y oír novedades; quiere aparecer en público, y
observar mucho por los sentidos; desea ser conocida, y hacer cosas de donde le
proceda alabanza y fama. Pero la gracia no cuida de oír cosas nuevas ni curiosas;
porque todo esto nace de la corrupción antigua, y no hay cosa nueva ni durable sobre
la tierra. Enseña a recoger los sentidos, a huir la vana complacencia y ostentación,
esconder humildemente lo que tenga digno de admiración o alabanza, y buscar en
todas las cosas y en toda ciencia fruto de utilidad, y alabanza y honra de Dios. No
quiere que ella ni sus cosas sean pregonadas; sino que Dios sea glorificado en sus
dones, que los da todos con purísimo amor.

18. Esta gracia es una luz sobrenatural, y un don especial de Dios; y propiamente la
marca de los escogidos, y la prenda de la salvación eterna, la cual levanta al hombre
de lo terreno a amar lo celestial, y de carnal lo hace espiritual. Así que, cuanto más
apremiada sea la naturaleza, tanto mayor gracia se infunde, y cada día es reformado
el hombre interior según la imagen de Dios con nuevas visitaciones.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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