viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 29: CÓMO DEBEMOS LLAMAR A DIOS Y BENDECIRLE EN EL TIEMPO DE LA TRIBULACIÓN. El Alma:

CAPÍTULO 29: CÓMO DEBEMOS LLAMAR A DIOS Y BENDECIRLE EN
EL TIEMPO DE LA TRIBULACIÓN.
El Alma:

1. Sea tu nombre, Señor, para siempre bendito, que quisiste que viniese sobre mí esta
tentación y tribulación. Yo no puedo huirla; sino que necesito acudir a Ti, para que
me ayudes, y me la conviertas en provecho. Señor; ahora estoy atribulado, y no le va
bien a mi corazón; sino que me atormenta mucho esta pasión. Y ¿qué diré ahora,
Padre amado? Rodeado estoy de angustias. Sálvame en esta hora. Mas he llegado a
este trance, para que seas Tú glorificado cuando yo estuviere muy humillado y fuere
librado por Ti. Dígnate, Señor, librarme; porque yo, pobre, ¿qué puedo hacer, y
adónde iré sin Ti? Dame paciencia, Señor, también en este trance. Ayúdame, Dios
mío, y no temeré por más atribulado que me halle.

2. Y entre estas congojas, ¿qué diré ahora? Hágase, Señor, tu voluntad. Bien he
merecido yo ser atribulado y angustiado. Aún me conviene sufrir; y ¡ojalá sea con
paciencia, hasta que pase la tempestad y haya bonanza! Pues poderosa es tu mano
omnipotente para quitar de mí esta tentación, y amansar su furor, porque del todo no
caiga; así como antes lo has hecho muchas veces, Dios mío, misericordia mía. Y
cuanto para mí es más difícil, tanto es para Ti fácil esta mudanza de la diestra del
Altísimo.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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