viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 14: CÓMO SE HAN DE CONSIDERAR LOS SECRETOS JUICIOS DE DIOS, PARA QUE NO NOS ENVANEZCAMOS. El Alma:

CAPÍTULO 14: CÓMO SE HAN DE CONSIDERAR LOS SECRETOS
JUICIOS DE DIOS, PARA QUE NO NOS ENVANEZCAMOS.
El Alma:

1. Tus juicios, Señor, me aterran como un espantoso trueno, estremeciéndose todos
mis huesos penetrados de temor y temblor, y mi alma queda despavorida. Estoy
atónito, considero que los cielos no son limpios en tu presencia. Si en los ángeles
hallaste maldad y no los perdonaste, ¿qué será de mí? Cayeron las estrellas del cielo;
y yo, que soy polvo, ¿qué presumo? Aquellos cuyas obras parecían muy dignas de
alabanza, cayeron al profundo; y los que comían pan de ángeles, vi deleitarse con el
manjar de animales inmundos.

2. No hay, pues, santidad, si Tú, Señor, apartas tu mano. No aprovechará discreción,
si dejas de gobernar. No hay fortaleza que ayude, si dejas de conservarla. No hay
castidad segura, si no la defiendes. Ninguna propia guarda aprovecha, si nos falta tu
santa vigilancia. Porque en dejándonos Tú, luego no vamos a fondo y perecemos;
pero visitados de Ti, nos levantamos y vivimos. Mudables somos; pero por Ti,
estamos firmes; nos entibiamos, mas Tú nos enciendes.

3. ¡Oh! ¡Cuan vil y bajamente debo sentir de mí! ¡Cuánto debo reputar por nada lo
poco que acaso parezca tener de bueno! ¡Oh Señor! ¡Cuan profundamente me debo
anegar en el abismo de tus juicios, donde no me hallo ser otra cosa que nada y más
que nada! ¡Oh peso inmenso! ¡Oh piélago insondable, donde nada hallo de mí, sino
ser nada en todo! ¿Pues dónde se esconde el fundamento de la vanidad? ¿Dónde la
confianza de mi propia virtud? Anegase toda vanagloria en la profundidad de tus
juicios sobre mí.

4. ¿Qué es toda carne en tu presencia? Por ventura, ¿podrá gloriarse el lodo contra
el que lo trabaja? ¿Cómo se puede engreír con vanas alabanzas el corazón que está
verdaderamente sujeto a Dios? Todo el mundo no ensoberbecerá a aquel a quien
sujeta la verdad, ni se moverá por mucho que le alaben el que tiene firme toda su
esperanza en Dios. Porque todos los que hablan son nada, y con el sonido de las
palabras fallecerán; pero la verdad del Señor permanece para siempre.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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