viernes, 19 de febrero de 2010

CAPITULO 18: QUE SUFRAN CON SERENIDAD DE ÁNIMO LAS MISERIAS TEMPORALES, A EJEMPLO DE CRISTO. Jesucristo:

CAPITULO 18: QUE SUFRAN CON SERENIDAD DE ÁNIMO LAS
MISERIAS TEMPORALES, A EJEMPLO DE CRISTO.
Jesucristo:

1. Hijo, yo bajé del Cielo por tu salvación; abracé tus miserias, no por necesidad,
sino por la caridad que me movía, para que aprendieses paciencia, y sufrieses sin
enojo las miserias temporales. Porque desde la hora en que nací, hasta la muerte en la
cruz, no me faltaron dolores que sufrir. Tuve mucha falta de las cosas temporales; oí
muchas veces grandes quejas de Mí, sufrí benignamente sinrazones y afrentas. Por
beneficios recibí ingratitudes, por milagros, y por la doctrina reprensiones.
El Alma:

2. Señor, si Tú fuiste paciente en tu vida, principalmente cumpliendo en esto el
mandato de tu padre, justo es que yo, miserable pecador, sufra con paciencia según tu
voluntad, y mientras Tú quisieres, lleve por mi salvación la carga de una vida
corruptible. Pues aunque la vida presente se siente ser pesada, ya ésta se ha hecho por
tu gracia muy meritoria, y más tolerable y esclarecida para los flacos por tu ejemplo y
el de tus Santos. Y aun de mucho más consuelo de lo que fue en tiempo pasado, bajo
la ley antigua, cuando estaba cerrada la puerta del cielo, y el camino parecía tan
obscuro, que eran raros los que tenían cuidado de buscar el reino de los cielos. Pero
aun los que entonces eran justos y se habían de salvar, no podían entrar en el reino
celestial hasta que llegase tu pasión, y la satisfacción de tu sagrada muerte.

3. ¡Oh! ¡Cuántas gracias debo darte, porque te dignaste demostrarme a mí y a todos
los fieles, el camino derecho y bueno de tu eterno reino! Porque tu vida es nuestro
camino, y por la santa paciencia vamos a Ti, que eres nuestra corona. Si Tú no nos
hubieras precedido y enseñado, ¿quién cuidaría de seguirte? ¡Ay! ¡Cuántos quedarían
lejos y muy atrás, si no mirasen tus heroicos ejemplos! Si con todo eso aún estamos
tibios, después de haber oído tantas maravillas y lecciones tuyas, ¿qué haríamos si no
tuviésemos tanta luz para seguirte?

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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