viernes, 19 de febrero de 2010

CAPITULO 58: NO SE DEBEN ESCUDRIÑAR LAS COSAS ALTAS Y LOS JUICIOS OCULTOS DE DIOS JESUCRISTO:

CAPITULO 58: NO SE DEBEN ESCUDRIÑAR LAS COSAS ALTAS Y LOS
JUICIOS OCULTOS DE DIOS
JESUCRISTO:

1. Hijo, guárdate de disputar de materias altas, y de los secretos juicios de Dios; por
qué uno es desamparado y otro tiene tantas gracias; por qué está uno muy afligido y
otro tan altamente ensalzado. Estas cosas exceden a toda humana capacidad; y no
basta razón ni disputa alguna para investigar el juicio divino. Por eso, cuando el
enemigo te trajere esto al pensamiento, o algunos hombres curiosos lo preguntaren,
responde aquello del profeta: JUSTO ERES, SEÑOR, Y JUSTO TU JUICIO. Y
también: LOS JUICIOS DEL SEÑOR SON VERDADEROS Y JUSTIFICADOS EN Sí
MISMOS. Mis juicios han de ser temidos, no examinados; por que no se comprende
con entendimiento humano.

2. Tampoco te pongas a inquirir o disputar de los merecimiento de los Santos, cuál
sea más Santo o mayor en el reino de los cielos. Estas cosas muchas veces causan
contiendas y disensiones sin provecho; aumentan también la soberbia y la vanagloria,
de donde nacen envidias y discordias, cuando uno quiere preferir imprudentemente
un Santo, y otro quiere a otro. Querer saber e inquirir tales cosas, ningún fruto trae,
antes desagrada mucho a los Santos; por que Yo no soy DIOS de discordia, sino de
paz; la cual consiste más en la verdadera humildad, que en la propia estimación.

3. Algunos con celo de amor se aficionan a unos Santos más que a otros; pero más
por afecto humano que divino. Yo soy el que hice a todos los Santos; Yo les di la
gracia; Yo les he dado la gloria. Yo sé los méritos de cada uno; Yo les previne con
bendiciones de mi dulzura. Yo conocí mis amados antes de los siglos; Yo los escogí
del mundo, y no ellos a Mí. Yo los llamé por gracia y atraje por misericordia; Yo les
llevé por diversas tentaciones. Yo les envié grandes consolaciones, les di la
perseverancia y coroné su paciencia. 4. Yo conozco al primero y al último.
Yo los abrazo a todos con amor inestimable. Yo soy digno de ser alabado en todos
mis Santos, y ensalzado sobre todas las cosas; Yo debo ser honrado por cada uno de
cuantos he engrandecido y predestinado, sin preceder algún merecimiento suyo. Por
eso quien despreciare a uno de mis pequeñuelos, no honra al grande, porque yo hice
al grande y al pequeño. Y el que quisiere deprimir alguno de los Santos, a Mí me
deprime y a todos los demás del reino de los cielos. Todos son una misma cosa por
vínculo de la caridad; todos tienen un mismo parecer y un mismo querer; y todos se
aman recíprocamente.

5. Y sobre todo, más me aman a Mí que a sí mismos y a todos sus merecimientos.
Porque elevados sobre sí libres de su propio amor, se pasan del todo al mío; y en él
descansan y se regocijan con gozo inexplicable. No hay cosa que los pueda apartar ni
declinar; porque llenos de la verdad eterna, arden en el fuego inextinguible de la
caridad. Callen, pues, los hombres carnales y animales, y no disputen del estado de
los Santos, pues no saben amar sino los gozos particulares. Quitan y ponen según su
inclinación, no como agrada a la eterna verdad.

6. Muchos por efecto de ignorancia, especialmente los que se hallan con poca luz
interior, con dificultad saben amar a alguno con perfecto amor espiritual. Y aun los
lleva mucho el afecto natural, y la amistad humana, con la cual se inclinan más a
unos que a otros; y así como sienten de las cosas terrenas, así imaginan de las
celestiales. Mas hay grandísima diferencia entre lo que piensan los hombres
imperfectos y lo que saben los varones espirituales por la revelación divina.

7. Guárdate, pues, hijo, de tratar curiosamente de las cosas que exceden a tu alcance:
de lo que debes tratar es de que puedas ser siquiera el menor en el reino de Dios. Y
aunque uno supiese quién es más Santo que otro, o el mayor en el reino del cielo, ¿de
qué le serviría el saberlo, si no se humillase delante de Mí por este conocimiento, y
no se levantase a alabar más puramente mi nombre? Mucho más agradable es a Dios
el que piensa en la gravedad de sus propios pecados, y la poquedad de sus virtudes, y
cuan lejos está de la perfección de los Santos, que el que porfía cuál será mayor o
menor Santo. Mejor es rogar a los Santos con devotas oraciones y lágrimas, y con
humilde corazón invocar su favor, que escudriñar sus secretos con inútil
investigación.

8. Ellos están cumplidamente contentos, si los hombres saben contentarse y refrenar
la vanidad de sus lenguas. No se glorían de sus propios merecimientos, pues que
ninguna cosa buena se atribuyen a sí mismos; sino todo a Mí; porque yo les di todo
cuanto tienen con mi infinita caridad. Llenos están de tanto amor de la divinidad, y de
tal abundancia de gozos, que ninguna parte de gloria les falta, ni les puede faltar cosa
alguna de bienaventuranza. Todos los Santos, cuanto más altos están en la gloria
tanto más humildes son en sí mismos, y están más cercanos a Mí, y son más amados
de Mí. Por lo cual está escrito que abatieron sus coronas delante de Dios, y se
postraron sobre sus rostros delante del Cordero, y adoraron al que vive por los siglos
de los siglos.

9. Muchos preguntan quién es el mayor en el reino de Dios, que no saben si serán
dignos de ser contados con los ínfimos. Gran cosa es ser en el cielo siquiera el menor,
donde todos son grandes, porque todos se llamarán y serán hijos de Dios. El menor
será grande entre mil, y el pecador de cien años morirá. Pues cuando preguntaban los
discípulos quién fuese mayor en el reino de los cielos, tuvieron esta respuesta: Si no
os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por eso, cualquiera que
se humillare como niño, aquel será el mayor en el reino del cielo.

10. ¡Ay de aquellos que se desdeñan de humillarse de voluntad con los pequeñitos;
porque la puerta humilde y angosta del reino celestial no les permitirá entrar! ¡Ay
también de los ricos, que tienen aquí sus deleites; porque cuando entraren los pobres
en el reino de Dios, quedarán ellos fuera aullando y llorando a lágrima viva! Alegraos
los humildes, y regocijaos los pobres, que vuestro es el reino de Dios, si andáis en el
camino de la verdad.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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