viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 25: EN QUÉ CONSISTE LA PAZ FIRME DEL CORAZÓN, Y EL VERDADERO APROVECHAMIENTO. Jesucristo:

CAPÍTULO 25: EN QUÉ CONSISTE LA PAZ FIRME DEL CORAZÓN, Y EL
VERDADERO APROVECHAMIENTO.
Jesucristo:

1. Hijo, yo dije: La paz os dejo, mi paz os doy; y no la doy como la del mundo. Todos
desean la paz; mas no tienen todos cuidado de las cosas que pertenecen a la verdadera
paz. Mi paz está con los humildes y mansos de corazón. Tu paz la hallarás en la
mucha paciencia. Si me oyeres y siguieres mi voz, podrás gozar de mucha paz.
El Alma:

2. ¿Pues qué haré?
Jesucristo:

3. Mira en todas las cosas lo que haces y lo que dices, y dirige toda tu intención al fin
de agradarme a Mí solo, y no desear ni buscar nada fuera de Mí. Ni juzgues
temerariamente de los hechos o dichos ajenos, ni te entremetas en lo que no te han
encomendado: con esto podrá ser poco o tarde te turbes. Porque el no sentir alguna
tribulación, ni sufrir alguna fatiga en el corazón o en el cuerpo, no es de este siglo,
sino propio del eterno descanso. No juzgues, pues, haber hallado la verdadera paz,
porque no sientas alguna pesadumbre; ni que ya es todo bueno, porque no tengas
ningún adversario; ni que está la perfección en que todo te suceda según tú quieres.
Ni entonces te reputes por grande o digno especialmente de amor, porque tengas gran
devoción y dulzura; porque en estas cosas no se conoce el verdadero amador de la
virtud, ni consiste en ellas el provecho y perfección del hombre.
El Alma:

4. ¿Pues en qué consiste, Señor?
Jesucristo:

5. En ofrecerte de todo tu corazón a la divina voluntad, no buscando tu interés en lo
poco, ni en lo mucho, ni en lo temporal, ni en lo eterno. De manera que con rostro
igual, des gracias a Dios en las cosas prósperas y adversas, pensándolo todo con un
mismo peso. Si fueres tan fuerte y firme en la esperanza que, quitándote la
consolación interior, aún esté dispuesto tu corazón para padecer mayores penas, y no
te justificares, diciendo que no debieras padecer tales ni tantas cosas, sino que me
tuvieres por justo y alabares por santo en todo lo que Yo ordenare, cree entonces que
andas en el recto camino de la paz, y podrás tener esperanza cierta de ver nuevamente
mi rostro con júbilo. Y si llegares al perfecto menosprecio de ti mismo, sábete que
entonces gozaras de abundancia de paz, cuanto cabe en este destierro.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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