viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 30: CÓMO SE HA DE PEDIR EL FAVOR DIVINO, Y DE LA CONFIANZA DE RECOBRAR LA GRACIA. Jesucristo:

CAPÍTULO 30: CÓMO SE HA DE PEDIR EL FAVOR DIVINO, Y DE LA
CONFIANZA DE RECOBRAR LA GRACIA.
Jesucristo:

1. Hijo, yo soy el Señor, que conforta en el día de la tribulación. Ven a Mí, cuando no
te hallares bien. Lo que más impide la consolación celestial, es que muy tarde vuelves
a la oración. Porque antes de orar con atención, buscas muchas consolaciones, y te
recreas en lo exterior. De aquí viene que todo te aprovecha poco, hasta que conozcas
que yo soy el que libro a los que esperan en Mí; y fuera de Mí no hay auxilio eficaz,
consejo provechoso, ni remedio durable. Mas recobrado el aliento después de la
tempestad, esfuérzate a la luz de mis misericordias; porque cerca estoy (dice el
Señor) para reparar todo lo perdido, no sólo cumplida, sino abundante y
colmadamente.

2. ¿Por ventura hay cosa difícil para Mí? ¿O seré yo como el que dice y no hace?
¿Dónde está tu fe? Ten firmeza y perseverancia. Sé varón fuerte y magnánimo, y a su
tiempo te llegará el consuelo. Espérame, espera; Yo vendré y te curaré. Tentación es
la que te atormenta, y vano temor el que te espanta. ¿Qué aprovecha el cuidado de lo
que está por venir, sino para tener tristeza sobre tristeza? Bástale a cada día su
molestia. Vana cosa es y sin provecho entristecerse o alegrarse de lo venidero, que
quizás nunca acaecerá.

3. Pero es propio de la humana flaqueza engañarse con tales imaginaciones; y
también es señal de poco ánimo dejarse burlar tan ligeramente del enemigo. Pues el
que no cuida que sea verdadero o falso aquello con que nos burla o engaña; o si
derribará con el amor de lo presente, o con el temor de lo futuro. No se turbe, pues, ni
tema tu corazón. Cree en Mí, y ten confianza en mi misericordia. Cuando piensas que
estás lejos de Mí, estoy más cerca de ti regularmente. Cuando piensas que está todo
casi perdido, entonces muchas veces está cerca la ganancia del merecer. No está todo
perdido cuando alguna cosa te sucede contraria. No debes juzgar como sientes ahora,
ni embarazarte ni acongojarte con cualquier contrariedad que te venga, como si no
hubiese esperanza de remedio.

4. No te tengas por desamparado del todo, aunque te envíe a tiempos alguna
tribulación, o te prive del consuelo deseado; porque de este modo se llega al reino de
los cielos. Y sin duda te conviene más a ti, y a los demás siervos míos, ser ejercitados
en adversidades, que si todo os sucediese a vuestro gusto. Yo penetro los secretos; y
sé que te conviene mucho para tu bien, que algunas veces te deje desconsolado; para
que no te ensoberbezcas en los sucesos prósperos, ni quieras complacerte en ti mismo
por lo que no eres. Lo que yo te di, te lo puedo quitar, y volvértelo cuando me
agradare.

5. Cuando te lo diere, mío es: cuando te lo quitare, no tomo cosa tuya, pues mía es
cualquier dádiva buena y todo don perfecto. Si te enviare pesadumbre, o alguna
contrariedad, no te indignes, ni desfallezca tu corazón. Presto puedo levantarte, y
mudar toda pena en gozo. Justo soy, y digno de ser alabado, cuando así me porto
contigo.

6. Si bien lo entiendes y lo miras a la luz de la verdad, nunca te debes entristecer, ni
descaecer tanto por las adversidades; sino antes holgarte más y darme gracias. Y
tener por único gozo el ver que afligiéndote con dolores, no te contemplo. Así como
me amó el Padre, Yo os amo, dije a mis amados discípulos, los cuales no envié a
gozos temporales, sino a grandes peleas; no a honras, sino a desprecios; no a ocio,
sino a trabajos; no al descanso, sino a recoger grandes frutos de paciencia. Acuérdate,
hijo mío, de estas palabras.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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