viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 47: TODAS LAS COSAS PASADAS SE DEBEN PADECER POR LA VIDA ETERNA. Jesucristo:

CAPÍTULO 47: TODAS LAS COSAS PASADAS SE DEBEN PADECER POR
LA VIDA ETERNA.
Jesucristo:

1. Hijo, no te quebranten los trabajos que has tomado por Mí, ni te abatan del todo las
tribulaciones; mas mi promesa te esfuerce y consuele en todo lo que viniere. Yo basto
para galardonarte sobre toda manera y medida. No trabajarás aquí mucho tiempo, ni
serás agravado siempre de dolores. Espera un poquito y verás cuan presto se pasan
los males. Vendrá una hora cuando cesará todo trabajo e inquietud. Poco y breve es
todo lo que pasa con el tiempo.

2. Atiende a tu negocio, trabaja fielmente en mi viña, que yo seré tu galardón.
Escribe, lee, canta, suspira, calla, ora, sufre varonilmente lo adverso; la vida eterna
digna es de esta y de otras mayores peleas. Vendrá la paz un día que el Señor sabe, el
cual no se compondrá de día y noche como en esta vida temporal, sino de luz
perpetua, claridad infinita, paz firme y descanso seguro. No dirás entonces: ¿Quién
me librará de este cuerpo mortal? Ni clamarás: ¡Ay de mí que se ha dilatado mi
destierro! Porque la muerte estará destruida, y la salud vendrá sin defecto; ninguna
congoja habrá ya, sino bienaventurada alegría, compañía dulce y hermosa.

3. ¡Oh! ¡Si vieses las coronas eternas de los Santos en el cielo, y de cuánta gloria
gozan ahora los que eran en este mundo despreciados, y tenidos por indignos de
vivir! Por cierto luego te humillarías hasta la tierra, y desearías más estar sujeto a
todos, que mandar a uno solo. Y no codiciarías los días placenteros de esta vida: sino
antes te alegrarías de ser atribulado por Dios, y tendrías por grandísima ganancia ser
tenido por nada entre los hombres.

4. ¡Oh! Si gustases aquestas cosas, y las rumiases profundamente en tu corazón,
¿cómo te atreverías a quejarte ni una sola vez? ¿No te parece que son de sufrir todas
las cosas trabajosas por la vida eterna? No es cosa de poco momento ganar o perder
el reino de Dios. Levanta, pues, tu rostro al cielo: mírame a Mí, y conmigo a todos los
Santos, los cuales tuvieron graves combates en este siglo; ahora se regocijan, y están
consolados y seguros; ahora descansan en paz, y permanecerán conmigo sin fin en el
reino de mi Padre.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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