viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 40: QUE NINGÚN BIEN TIENE EL HOMBRE SUYO NI COSA ALGUNA DE QUÉ ALABARSE. El Alma:

CAPÍTULO 40: QUE NINGÚN BIEN TIENE EL HOMBRE SUYO NI COSA
ALGUNA DE QUÉ ALABARSE.
El Alma:

1. Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que
le visites? ¿Qué ha merecido el hombre para que le dieses tu gracia? Señor, ¿de qué
me puedo quejar si me desamparas? ¿cómo justamente podré contender contigo, si no
hicieres lo que pido? Por cierto, una cosa puedo yo pensar y decir con verdad: Nada
soy, Señor, nada puedo, nada bueno tengo de mí; mas en todo me hallo vacío, y
camino siempre a la nada. Y si ni soy ayudado e instruido interiormente por Ti, me
vuelvo enteramente tibio y disipado.

2. Mas Tú, Señor, eres siempre el mismo, y permaneces eternamente, siempre bueno,
justo y santo, haciendo todas las cosas bien, justa y santamente, y ordenándolas con
sabiduría. Pero yo, que soy más inclinado a caer que aprovechar, no persevero
siempre en un estado, y me mudo siete veces al día. Mas luego me va mejor cuando
te dignas alargarme tu mano auxiliadora; porque Tú solo, sin humano favor, me
puedes socorrer y fortalecer, de manera que a Ti solo se convierta y en Ti descanse
mi corazón.

3. Por lo cual, si yo supiese bien desechar toda consolación humana, ya sea por
alcanzar devoción o por la necesidad que tengo de buscarte, porque no hay hombre
que me consuele, entonces con razón podría yo esperar en tu gracia, y alegrarme con
el don de la nueva consolación.

4. Gracias sean dadas a Ti, de quien viene todo siempre que me sucede algún bien.
Porque delante de Ti yo soy vanidad y nada, hombre mudable y flaco. ¿De dónde,
pues, me puedo gloriar, o por qué deseo ser estimado? ¿Por ventura de la nada? Esto
es vanísimo. Verdaderamente la gloria frívola es una verdadera peste y grandísima
vanidad; porque nos aparta de la verdadera gloria, y nos despoja de la gracia celestial.
Porque contentándose un hombre a sí mismo, te descontenta a Ti: cuando desea las
alabanzas humanas, es privado de las virtudes verdaderas.

5. La verdadera gloria y alegría santa consiste en gloriarse en Ti y no en sí; gozarse
en tu nombre, y no en su propia virtud, ni deleitarse en criatura alguna sino por Ti.
Sea alabado tu nombre, y no el mío: engrandecidas sean tus obras, y no las mías:
bendito sea tu santo nombre, y no me sea a mí atribuida parte alguna de las alabanzas
de los hombres. Tú eres mi gloria; Tú la alegría de mi corazón. En Ti me gloriaré y
ensalzaré todos los días: mas de mi parte no hay qué, sino de mis flaquezas.

6. Busquen los hombres la gloria que se dan recíprocamente: yo buscaré la gloria que
viene solamente de Dios. Porque toda la gloria humana, toda honra temporal, toda la
alteza del mundo, comparada con tu eterna gloria es vanidad y necedad. ¡Oh verdad
mía y misericordia mía, Dios mío, Trinidad bienaventurada: a Ti sola sea alabanza,
honra, virtud y gloria para siempre jamás!

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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