viernes, 19 de febrero de 2010

CAPITULO 16: EN SÓLO DIOS SE DEBE BUSCAR EL VERDADERO CONSUELO. El Alma:

CAPITULO 16: EN SÓLO DIOS SE DEBE BUSCAR EL VERDADERO
CONSUELO.
El Alma:

1. Cualquier cosa que puedo desear o pensar para mi consuelo, no la espero aquí,
sino en la otra vida. Pues aunque yo solo estuviese todos los gustos del mundo, y
pudiese usar de todos sus deleites, cierto es que no podrían durar mucho. Así que no
podrás, alma mía, estar cumplidamente consolada, ni perfectamente recreada sino en
Dios, que es consolador de los pobres, y recibe a los humildes. Espera un poco, alma
mía, espera la promesa divina, y tendrás abundancia de todos los bienes en el cielo. Si
deseas desordenadamente estas cosas presentes, perderás las eternas y celestiales.
Sean las temporales para el uso: las eternas para el deseo. No puedes saciarte de
ningún bien temporal, porque no eres criada para gozar de lo caduco.

2. Aunque tengas todos los bienes criados, no puedes ser dichosa y bienaventurada:
mas en Dios, que crio todas las cosas, consiste toda tu bienaventuranza y tu felicidad.
No como la que admiran y alaban los necios amadores del mundo, sino como la que
esperan los buenos y fieles discípulos de Cristo, y alguna veces gustan los espirituales
y limpios de corazón, cuya conversación está en los cielos. Vano es y breve todo
consuelo humano. El dichoso y verdadero consuelo es aquel que la Verdad hace
percibir interiormente. El hombre devoto en todo lugar lleva consigo a su consolador
Jesús, y le dice: Ayúdame, Señor, en todo lugar y tiempo. Sea, pues, mi consolación
carecer de buena gana de todo humano consuelo. Y si tu consolación me faltare, sea
mi mayor consuelo tu voluntad y justa probación. Porque no estarás airado
perpetuamente, ni enojado para siempre.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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