viernes, 19 de febrero de 2010

CAPÍTULO 4: DEL CORAZÓN PURO Y SENCILLA INTENCIÓN.

CAPÍTULO 4: DEL CORAZÓN PURO Y SENCILLA INTENCIÓN.

1. Con dos alas se levanta el hombre de las cosas terrenas, que son sencillez y
pureza. La sencillez ha de estar en la intención y la pureza en la afición. La sencillez
pone la intención en Dios; la pureza le reconoce y gusta. Ninguna buena obra te
impedirá, si interiormente estuvieres libre de todo desordenado deseo. Si no piensas
ni buscas sino el beneplácito divino y el provecho del prójimo, gozarás de interior
libertad. Si fuese tu corazón recto, entonces te sería toda criatura espejo de vida, y
libro de santa doctrina. No hay criatura tan baja ni pequeña, que no represente la
bondad de Dios.

2. Si tú fueses bueno y puro en lo interior, luego verías y entenderías bien todas las
cosas sin impedimento. El corazón puro penetra al cielo y al infierno. Cual es cada
uno en lo interior, tal juzga lo de fuera. Si hay gozo en el mundo, el hombre de puro
corazón le posee. Y si en algún lugar hay tribulación y congojas, es donde habita la
mala conciencia. Así como el hierro, metido en el fuego, pierde el orín y se pone todo
resplandeciente; así el hombre que enteramente se convierte a Dios, se desentorpece y
muda en nuevo hombre.

3. Cuando el hombre comienza a entibiarse, entonces teme el trabajo, aunque
pequeño, y toma con gusto la consolación exterior. Mas cuando se comienza
perfectamente a vencer y andar alentadamente en la carrera de Dios, tiene por ligeras
las cosas que primero tenía por pesadas.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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