jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 14: DEL ANSIA CON QUE ALGUNOS DEVOTOS DESEAN EL CUERPO DE CRISTO. EL ALMA:

CAPÍTULO 14: DEL ANSIA CON QUE ALGUNOS DEVOTOS DESEAN EL
CUERPO DE CRISTO.
EL ALMA:

1. Oh Señor, ¡cuán grande es la abundancia de tu dulzura, que reservaste para los que
te temen! Cuando me acuerdo, Señor, de algunos devotos que se llegan a tu
Sacramento con dignísima devoción y afecto, me confundo muchas veces, y me
avergüenzo de mí mismo al ver que llego tan tibio y tan frío a tu altar, y a la mesa de
la sagrada comunión. Que me quedo tan seco, y sin dulzura de corazón; que no estoy
todo encendido delante de Ti, Dios mío, ni tan vehementemente atraído y poseído de
amor, como otros muchos devotos, que por el gran deseo de comulgar, y por el amor
sensible de su corazón, no pudieron detener las lágrimas. Sino que con la boca del
corazón y del cuerpo anhelaban afectuosamente a Ti, Dios mío, fuente viva, no
pudiendo templar ni hartar su hambre de otro modo, sino recibiendo tu cuerpo con
indecible regocijo y ansia espiritual.

2. ¡Oh verdadera y ardiente fe la suya, prueba manifiesta de tu sagrada presencia en
este Sacramento! Estos son verdaderamente los que conocen a su Señor en el partir
del pan; pues su corazón arde en ellos tan vivamente, porque Jesús anda en su
compañía. Lejos está de mi muchas veces semejante afecto y devoción, tan grande
amor y fervor. Buen Jesús, séme propicio, dulce y benigno, y concede a este tu pobre
mendigo siquiera alguna vez sentir en la santa Comunión un poco de afecto
entrañable de tu amor, para que mi fe se fortalezca, crezca la esperanza en tu bondad,
y la caridad una vez perfectamente encendida y experimentada del maná celestial,
nunca desfallezca. Poderosa es, pues, tu misericordia para concederme gracia tan
deseada, y visitarme clementísimamente con este espíritu de fervor el día que tuvieres
por bien. Y aunque no me hallo inflamado del gran deseo de tus especiales devotos,
quiero a lo menos con tu gracia tener tan fervoroso deseo; y pido y deseo ser
participante de los que tan fervorosamente te aman, y ser contado en su número.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomas de Kempis

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