jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 13: CÓMO EL ALMA DEVOTA DEBE DESEAR CON TODO SU CORAZÓN UNIRSE A CRISTO EN EL SACRAMENTO. EL ALMA:

CAPÍTULO 13: CÓMO EL ALMA DEVOTA DEBE DESEAR CON TODO SU
CORAZÓN UNIRSE A CRISTO EN EL SACRAMENTO.
EL ALMA:

1. ¿Quien me dará, Señor, que te halle solo para abrirte todo mi corazón, y gozarte
como mi alma desea, y que ya ninguno me desprecie, ni criatura alguna me mueva u
ocupe mi atención; sino que Tú solo me hables, y yo a Ti, como se hablan dos que
mutuamente se aman, o como se regocijan dos amigos entre sí? Lo que pido, lo que
deseo, es unirme a Ti enteramente, desviar mi corazón de todas las cosas criadas, y
aprender a gustar las celestiales y eternas por medio de la sagrada Comunión y
frecuente celebración. ¡Ay Dios mío,! ¿Cuando estaré absorto y enteramente unido a
Ti, del todo olvidado de mí? ¿Cuándo me concederás estar Tú en mí, y yo en Ti; y
permanecer así unidos eternamente?

2. En verdad Tú eres mi amado escogido entre millares, con quien mi alma desea
estar todos los días de su vida. Tú eres verdaderamente el autor de mi paz; en Ti esta
la suma tranquilidad y el verdadero descanso; fuera de Ti todo es trabajo, dolor y
miseria infinita. Verdaderamente eres Tú el Dios escondido que no comunicas a los
malos, sino que tu conversación es con los humildes y sencillos. ¡Oh Señor, cuan
suave es tu espíritu, pues para manifestar tu dulzura para con tus hijos, te dignaste
mantenerlos con el pan suavísimo bajando del cielo! Verdaderamente no hay otra
nación tan grande, que tenga dioses que tanto se le acerquen, como Tú, Dios nuestro,
te acercas a todos tus fieles, a quienes te das para que te coman y disfruten, y así
perciban un continuo consuelo, y levanten su corazón a los cielos.

3. Porque ¿ dónde hay gente alguna tan ilustre como el pueblo cristiano? O ¿que
criatura hay debajo del cielo tan amada, como el alma devota, a quien se comunica
Dios para apacentarla con su gloriosa carne ? ¡Oh inefable gracia ! ¡Oh maravillosa
dignación ! ¡Oh amor sin medida, singularmente reservado para el hombre! Pues ¿qué
daré yo al Señor por esta gracia, por esta caridad tan grande ? No hay cosa más
agradable que yo le pueda dar, que mi corazón todo entero, para que este unido con el
íntimamente. Entonces se alegrarán todas mis entrañas, cuando mi alma estuviere
perfectamente unida a Dios. Entonces me dirá. SI Tú quieres estar conmigo, yo
quiero estar contigo. Y yo le responderé: Dígnate, Señor, quedarte conmigo, pues yo
quiero de buena gana estar contigo. Este es todo mi deseo: que mi corazón este
contigo unido.

del libro "Imitación de Cristo", de Max Heindel

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