jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 17: DEL AMOR FERVOROSO Y VEHEMENTE DESEO DE RECIBIR A CRISTO EL ALMA

CAPÍTULO 17: DEL AMOR FERVOROSO Y VEHEMENTE DESEO DE
RECIBIR A CRISTO
EL ALMA:

1. Con suma devoción y abrasado amor, con todo el afecto y fervor del corazón,
deseo, Señor, recibirte en la comunión, como lo desearon muchos Santos y personas
devotas que te agradaron mucho con la santidad de su vida, y tuvieron devoción
ardentísima. ¡Oh Dios mío, amor eterno, todo mi bien, felicidad interminable! Deseo
recibirte con el deseo más vehemente y con la reverencia más digna, cual jamás tuvo
ni pudo sentir ninguno de los Santos.

2. Y aunque yo sea indigno de tener aquellos sentimientos devotos, te ofrezco todo el
afecto de mi corazón, como si yo solo tuviese todos aquellos inflamados deseos. Y
cuanto pueda el alma piadosa concebir y desear. Todo te lo presento y te lo ofrezco
con humildísima reverencia, y con entrañable fervor. Nada deseo reservar para mí,
sino ofrecerme en sacrificio con todas mis cosas voluntariamente, y con el mayor
afecto. Señor, Dios mío, Criador y Redentor mío, con tal afecto, reverencia, honor y
alabanza, con tal agradecimiento, dignidad y amor, con tal fe, esperanza y pureza,
deseo recibirte hoy, como te recibió y deseo tu Santísima Madre la gloriosa Virgen
María, cuando al ángel que le anunció el misterio de la Encarnación respondió
humilde y devotamente: He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.

3. Y como el bienaventurado San Juan Bautista, tu precursor, y el mayor de los
Santos, cuando aún estaba encerrado en el vientre de su madre, dio saltos de alegría
en tu presencia con gozo del Espíritu Santo; y después, viéndote Jesús mío, conversar
entre los hombres, con devoto y humildísimo afecto decía: El amigo del esposo, que
esta en su presencia y le oye, se regocija mucho al oír la voz del esposo: así deseo yo
estar inflamado de grandes y santos deseos y presentarme a Ti con todo el afecto de
mi corazón. Por eso te ofrezco y dedico los júbilos de todos los corazones devotos,
los vivísimos afectos, los embelesos espirituales, las soberanas iluminaciones, las
visiones celestiales, y todas las virtudes y alabanzas con que te han celebrado y
pueden celebrar todas las criaturas en el cielo y en la tierra: recíbelo todo por mí y por
todos los encomendados a mis oraciones, para que seas por todos dignamente alabado
y glorificado para siempre.

4. Recibe, Señor, Dios mío, mis deseos y ansias de darte infinita alabanza y bendición
inmensa, los cuales te son justísimamente debidos, según la multitud de tu inefable
grandeza. Esto te ofrezco ahora, y deseo ofrecerte cada día y cada momento; y
convido y ruego con instancia y afecto; a todos los espíritus celestiales, y a todos tus
fieles, que te alaben y te den gracias juntamente conmigo.

5. Alábente todos los pueblos, todas las tribus y lenguas, y engrandezcan tu santo y
dulcísimo nombre consumo regocijo e inflamada devoción. Merezcan hallar tu gracia
y misericordia todos los que con reverencia y devoción celebran tu altísimo
Sacramento, y con entera fe lo reciben; y ruegan a Dios humildemente por, mi,
pecador. Y cuando hubieren gozado de la devoción y unión deseada, y se partieren de
la mesa celestial muy consolados y maravillosamente recreados, tengan por bien
acordarse de este pobre.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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