jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 10: NO SE DEBE DEJAR FÁCILMENTE LA SAGRADA COMUNIÓN. JESUCRISTO:

CAPÍTULO 10: NO SE DEBE DEJAR FÁCILMENTE LA SAGRADA
COMUNIÓN.
JESUCRISTO:

1. Muy a menudo debes acudir a la fuente de la gracia y de la misericordia divina; a
la fuente de la bondad y de toda pureza, para que puedas sanar de tus pasiones y
vicios, y merezcas hacerte más fuerte y más despierto contra todas las tentaciones y
engaños del demonio. El enemigo, sabiendo el grandísimo fruto y remedio que hay en
la sagrada Comunión, trabaja cuanto puede sin perder medio y ocasión por retraer y
estorbar a los fieles y devotos.

2. Así sucede con algunos que, cuando piensan en prepararse para la sagrada
Comunión, entonces padecen peores tentaciones de Satanás que antes. Este espíritu
maligno se mete entre los hijos de Dios, como se dice en el libro de Job, para
turbarlos con su acostumbrada malicia, o para hacerlos excesivamente tímidos y
perplejos; y de este modo entibiar su devoción, o quitarles la fe con las
impugnaciones que les sugiere, por si acaso consigue así que dejen del todo la
comunión, o se lleguen a ella con tibieza. Mas no debemos cuidar de sus astucias y
tentaciones por más torpes y espantosas que sean, sino rechazar contra el mismo los
fantasmas abominables que nos representa. Despreciarse debe este desdichado y
burlarse de él; y no dejar la sagrada Comunión por todos sus acometimientos, y por
las turbaciones que levantaré.

3. Muchas veces estorba también la demasiada ansia de tener devoción, y cierta
inquietud por confesarse bien. Haz en esto lo que te aconsejen los sabios, y deja el
ansia y el escrúpulo, porque impide la gracia de Dios y destruye la devoción del alma.
No dejes la sagrada Comunión por alguna pequeña tribulación o pesadumbre; sino
vete luego a confesar, y perdona de buena gana todas las ofensas que te han hecho. Y
si tú has ofendido a alguno, pide perdón con humildad, y Dios te perdonará también
de buena voluntad.

4. ¿De que sirve retardar mucho la confesión, o diferir la sagrada Comunión?
Límpiate cuanto antes, vomita luego el veneno, como presto el remedio, y te hallarás
mejor que si lo dilatares mucho tiempo. Si hoy la dejas por alguna causa, mañana te
puede acaecer otra mayor; y así te apartarás mucho tiempo de la Comunión, y
después estarás menos dispuesto. Lo más presto que pudieres, sacude tu pereza e
inacción; porque nada se gana con angustiarse e inquietarse largo tiempo y apartarse
del divino sacramento por obstáculos diarios. Al contrario, daña mucho el dilatar
demasiado la Comunión; porque esto suele causar un grave entorpecimiento. Pero
¡Oh dolor! Algunos tibios y disipados dilatan con gusto la confesión, y desean
retardar la sagrada Comunión por no verse obligados a guardar su alma con mayor
cuidado.

5. ¡Oh, cuan poca caridad y flaca devoción tienen los que tan fácilmente dejan la
sagrada Comunión! ¡Cuan bienaventurado es, y cuan agradable a Dios el que vive tan
bien y guarda su conciencia con tanta pureza, que este dispuesto a comulgar cada día,
y muy deseoso de hacerlo así, si le conviene y no fuese notado! El que se abstiene
algunas veces por humildad o por alguna legítima, es de alabar por su respeto. Más si
poco a poco le entraré la tibieza, debe despertarse a sí mismo, y hacer lo que este de
su parte, y el Señor ayudara su deseo, por la buena voluntad, que es a la que
especialmente atiende.

6. Más cuando estuviere legítimamente impedido, tenga siempre buena voluntad y
devota intención de comulgar, y así no carecerá del fruto del Sacramento. Porque
cualquier devoto puede cada día y cada hora comulgar espiritualmente con fruto. Más
en ciertos días y en el tiempo mandado, debe recibir sacramentalmente el cuerpo de
su Redentor con afectuosa reverencia, y buscar más bien la gloria y honra de Dios,
que su propia consolación. Porque tantas veces comulga místicamente y se alimenta
invisiblemente su espíritu, cuantas se acuerda con devoción el misterio de la
Encarnación y Pasión de Cristo, y se enciende en su amor.

7. El que no se prepara sino al acercarse la fiesta, o cuando le fuerza la costumbre,
muchas veces se hallara mal preparado. Bienaventurado el que se ofrece a Dios en
entero sacrificio cuantas veces celebra o comulga. No seis muy prolijo ni acelerado
en celebrar; sino guarda el medio justo y ordinario de los demás con quienes vives.
No debes causar a los otros molestia ni enfado, sino ir por el camino ordinario de los
mayores, y mirar más al aprovechamiento de los otros, que a tu propia devoción y
afecto.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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