jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 9: QUE DEBEMOS OFRECERNOS A DIOS CON TODAS NUESTRAS COSAS Y ROGARLE POR TODOS. EL ALMA:

CAPÍTULO 9: QUE DEBEMOS OFRECERNOS A DIOS CON TODAS
NUESTRAS COSAS Y ROGARLE POR TODOS.
EL ALMA:

1. Señor, tuyo es todo lo que está en el cielo y en la tierra. Yo deseo ofrecérteme de
mi voluntad y quedar tuyo para siempre. Señor, con sencillez de corazón me ofrezco
hoy a Ti por siervo perpetuo, en obsequio y sacrificio de eterna alabanza. Recíbeme
con este santo sacrificio de tu precioso Cuerpo que te ofrezco hoy en presencia de los
ángeles que están asistiendo invisiblemente, para que los recibas por mi salud y la de
todo el pueblo.

2. Señor, yo te presento en el altar de tu misericordia todos mis pecados y delitos,
cuantos he cometidos en tu presencia y de tus Santos ángeles desde el día que
comencé a pecar hasta hoy, para que tu los abrases todos juntos y los quemes con el
fuego de tu caridad, quites todas las manchas de ellos, limpies mi conciencia de todo
delito, y me vuelvas a tu gracia que perdí por el pecado, perdonándomelos todos
enteramente, y admitiéndome misericordiosamente al ósculo de tu paz y amistad.

3. ¿Que puedo yo hacer por mis pecados, sino confesarlos humildemente, llorando e
implorando tu misericordia sin cesar? Yo imploro, pues, en tu divino acatamiento;
óyeme propicio, Dios mío. Aborrezco mucho todos mis pecados, y no quiero yo
cometerlos jamás; antes, arrepentido y pesaroso de ellos mientras viviré, estoy
dispuesto para hacer penitencia, y satisfacer según mis fuerzas. ¡Perdona, oh Dios,
perdona mis pecados por tu santo nombre! Salva mi alma que redimiste con tu
preciosa sangre. Vesme aquí que me encomiendo a tu misericordia, me entrego en tus
manos. Haz conmigo según tu bondad, y no según mi malicia e iniquidad.

4. También te ofrezco, Señor todos mis bienes, aunque muy pocos e imperfectos, para
que tú los enmiendes y santifiques, para que los hagas agradables y aceptos a Ti, y
siempre los mejores; y a mí, hombrezuelo inútil y perezoso, me lleves a un santo y
bienaventurado fin.

5. También te ofrezco todos los santos deseos de los devotos, y las necesidades de
mis parientes, amigos, hermanos y de todos los conocidos, y de cuantos me han
hecho bien a mí y a otros por tu amor; Y de todos los que desearon y pidieron que yo
orase, o dijese Misa por ellos, y por todos los suyos vivos y difuntos; Para que todos
sientan el fervor de tu gracia, el auxilio de tu consolación, la protección en los
peligros y en el alivio en los trabajos; para que, libres de todos los males, te den muy
alegres y cordialísimas gracias.

6. También te ofrezco mis oraciones y el sacrificio de propiciación, especialmente
por los que en algo me han enojado o vituperado, o me han hecho algún daño o
agravio; Y por todos los que yo enojé, turbé, agravié y escandalicé, por palabra, por
obra, por ignorancia o advertidamente; para que Tú nos perdones a todos nuestros
pecados y ofensas recíprocas. Aparta, Señor, de nuestros corazones toda mala
sospecha, toda ira, indignación y contienda, y cuanto pueda estorbar la caridad, y
disminuir el amor del prójimo. Misericordia, Señor, da tu misericordia a los que la
piden, tu gracia a los que la necesitan, y haz que vivamos de tal modo, que seamos
dignos de gozar de tu gracia, y que aprovechemos para la vida eterna. Amén.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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