jueves, 18 de febrero de 2010

CAPÍTULO 8: DEL OFRECIMIENTO DE CRISTO EN LA CRUZ, Y DE LA PROPIA RESIGNACIÓN. Jesucristo:

CAPÍTULO 8: DEL OFRECIMIENTO DE CRISTO EN LA CRUZ, Y DE LA
PROPIA RESIGNACIÓN.
Jesucristo:

1. Así como yo me ofrecí voluntariamente por tus pecados a Dios Padre con las
manos extendidas en la cruz, y todo el cuerpo desnudo, de modo que nada me quedó
que no pasase en sacrificio para reconciliarte con Dios: Así debes tú también
ofrecérteme cada día en la Misa en ofrenda pura y santa, cuanto más entrañablemente
puedas, con toda la voluntad, y con todas tus fuerzas y deseos. ¿Qué otra cosa quiero
de ti más que el que te entregues a Mí sin reserva? Cualquier cosa que me des sin ti,
no gusto de ella; porque no quiero tu don, sino a ti mismo.

2. Así como no te bastarían todas las cosas sin Mí, así no puede agradarme a Mí
cuanto me ofrecieres sin ti. Ofrécete a Mí y date todo por Dios, y será muy acepto tu
sacrificio. Mira cómo Yo me ofrecí todo al Padre por ti; y también te di todo mi
cuerpo y sangre en manjar, para ser todo tuyo, y que tú quedases todo mío. Mas si tú
estás pegado a ti mismo, y no te ofreces de buena gana a mi voluntad, no es cumplida
ofrenda la que haces, ni será entre nosotros entera la unión. Por eso a todas tus obras
debe preceder el ofrecimiento voluntario de ti mismo en las manos de Dios, si quieres
alcanzar libertad y gracia. Porque por eso tampoco se hacen varones ilustrados y
libres en lo interior, porque no saben del todo negarse a sí mismos. Esta es mi firme
sentencia: Que no puede ser mi discípulo el que no renunciare todas las cosas. Por lo
cual, si tú deseas serlo, ofréceteme con todos tus deseos.

del libro "Imitación de Cristo", de Tomás de Kempis

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